La terraza fluvial sobre la que se asienta Chiguayante guarda una historia sedimentaria que solo se revela cuando abrimos el terreno. En nuestra experiencia, el contraste entre las arenas finas de origen Biobío y los limos lacustres que aparecen hacia el oriente, cerca de la precordillera, obliga a verificar los primeros metros con un método que no deje lugar a interpretaciones indirectas. La calicata exploratoria nos permite bajar personalmente al perfil, describir la estratigrafía con precisión y extraer muestras inalteradas justo donde el proyecto lo requiere. Complementamos este reconocimiento directo con un sondaje SPT cuando necesitamos conocer la resistencia a la penetración más allá de los tres o cuatro metros que alcanza una excavación manual. En suelos donde la napa freática aparece cerca de la superficie, algo frecuente en sectores bajos como Lonco o Manquimávida, combinamos las observaciones de la calicata con un ensayo de permeabilidad en campo para dimensionar correctamente los sistemas de drenaje. La norma NCh1508 guía nuestro procedimiento de exploración, y cada calicata que ejecutamos en la comuna suma información valiosa sobre la variabilidad lateral del subsuelo, un dato que ningún ensayo puntual puede capturar por sí solo.
Bajar a una calicata en Chiguayante es leer la historia sedimentaria del Biobío: cada estrato cuenta un episodio de crecida o de calma que condiciona la cimentación.
