Cuando el camión mixer llega a Chiguayante y la bomba extiende el hormigón sobre la armadura de una losa de grandes dimensiones, cada centímetro de acero responde a un cálculo previo que consideró la heterogeneidad del subsuelo local. Acá, en la ribera sur del Biobío, los depósitos de arena limosa y las intercalaciones de arcilla obligan a un diseño de losa de cimentación que distribuya las cargas sin depender de un estrato resistente superficial. En nuestra experiencia, la rigidez del conjunto placa-estructura es lo que evita asentamientos que luego se traducen en fisuras en tabiques o puertas que dejan de cerrar. Para definir el módulo de balasto con datos reales del terreno, complementamos el proyecto con un ensayo de placa de carga ejecutado in situ, porque las correlaciones de gabinete no bastan cuando el perfil cambia en pocos metros. Así la losa de cimentación deja de ser una decisión genérica y se convierte en la solución a medida que exigen los suelos de origen fluvial de Chiguayante.
El módulo de balasto se ajusta sector por sector porque en Chiguayante la arena fina y la arcilla plástica conviven en menos de cien metros.
