En un proyecto de edificación en altura que supervisamos cerca de la ribera norte del Biobío, a pocos metros del sector de Manantiales, nos encontramos con un limo arcilloso que a simple vista parecía competente. Al compactarlo con la humedad de terreno, la mezcla se volvió inestable y perdía resistencia con cada pasada del rodillo. La obra se detuvo hasta que corrimos el ensayo de Límites de Atterberg para entender el comportamiento plástico del material, porque en Chiguayante la interacción entre el nivel freático somero y los suelos de origen fluvial produce variaciones de humedad que afectan directamente la trabajabilidad. El dato clave que obtuvimos fue un índice de plasticidad superior a 20, lo que obligó a estabilizar con cal antes de continuar. Para confirmar la estratigrafía bajo la capa superficial, complementamos con calicatas exploratorias que revelaron lentes de arena limosa a distintas profundidades, información que después cruzamos con la granulometría para tener la curva completa del material.
Un índice de plasticidad superior a 15 en los limos de Chiguayante obliga a estabilizar el suelo antes de cualquier obra de pavimentación o cimentación superficial.
