Un proyecto de edificación en altura emplazado en el eje de la Avenida 8 Oriente de Chiguayante, a escasos metros de la ribera sur del río Biobío, suele enfrentarse a un perfil estratigráfico dominado por arenas limosas con intercalaciones de gravas en matriz arenosa. La presencia de un nivel freático fluctuante, condicionado por los ciclos hidrológicos del río, exige que el diseño de muros de contención combine un análisis de estabilidad global con una verificación rigurosa de las subpresiones. En este contexto, la interacción suelo-estructura no puede evaluarse con parámetros genéricos; se requiere un modelo geotécnico local, apoyado en ensayos de campo como el ensayo CPT para definir la resistencia de punta y la fricción lateral en continuo, datos esenciales para el dimensionamiento de la cimentación del muro y la evaluación del empuje pasivo requerido.
El empuje sísmico en suelos granulares saturados de Chiguayante puede incrementarse hasta un 40% respecto al caso estático, según los modelos de Mononobe-Okabe adaptados a la realidad chilena.
