Chiguayante se asienta sobre una terraza fluvial del río Biobío, con depósitos de arenas finas y limos que en varios sectores presentan niveles freáticos a menos de 3 metros de profundidad. Esta configuración geológica, combinada con la actividad sísmica de la zona de subducción, convierte al análisis de licuefacción de suelos en un requisito técnico insoslayable para cualquier proyecto de edificación o infraestructura. La experiencia en la región indica que los estratos más susceptibles se encuentran entre 1,5 y 12 metros, donde las arenas limpias o con finos plásticos pueden perder resistencia cíclica ante un sismo como el registrado en 2010. Realizamos la evaluación de potencial de licuefacción integrando datos de ensayos CPT cuando se requiere una caracterización continua del perfil y de sondajes SPT para obtener muestras alteradas que permitan correlacionar la resistencia a la penetración con el factor de seguridad ante licuefacción. Este enfoque permite identificar si el subsuelo de Chiguayante requiere medidas de mitigación antes de aprobar la cimentación.
Un factor de seguridad menor a 1,2 en arenas saturadas de Chiguayante puede significar asentamientos diferenciales de hasta 15 cm durante un sismo severo.
