Quien haya construido en la zona alta de Lonco contrasta enseguida los suelos con los de la planicie ribereña de Chiguayante. En los faldeos de la cordillera de la Costa aflora roca meteorizada a poca profundidad, mientras que hacia el oeste, cerca del río Biobío, dominan los estratos de arena y limo aluvial con presencia de napa freática alta. Esta dualidad geotécnica, propia de una comuna de 86 mil habitantes emplazada en una terraza fluvial, obliga a replantear el tipo de fundación casi lote a lote. Cuando la resistencia en superficie no basta, el diseño de fundaciones en pilotes pasa de ser una alternativa a una necesidad técnica. Antes de definir la geometría del pilote conviene caracterizar los estratos profundos con un ensayo CPT que entregue un perfil continuo de resistencia de punta y fuste, y contrastarlo con sondeos que permitan identificar cambios de granulometría, sobre todo si aparecen lentes de turba que son frecuentes en los meandros antiguos del río.
Un pilote mal acodado en el rechazo del Biobío puede perder la mitad de su capacidad de carga en un sismo mayor.
